
"...Los maestros de historia no se dedican tanto a imprimir en sus discípulos la data de tal o cual suceso, como a pintarles el carácter y las buenas o malas cualidades de los reyes, de los generales y los ministros. Dicen que es poquísimo el fruto que sacan de saber que en tal año o tal mes se dio tal batalla; pero que les importa mucho examinar cuán bárbaros, injustos y sanguinarios han sido en todos los siglos los hombres, siempre dispuestos a perder la vida sin necesidad y a conspirar en contra de la de su semejante sin razón; ¡cuánto deshonran a la humanidad los combates, y cuán poderosos necesitan ser los motivos que obliguen a un extremo tan funesto! Miran la historia del espíritu humano como la mejor de todas, y no se esfuerzan tanto por enseñar a sus discípulos que retengan los hechos como porque sepan juzgarlos..."
Extracto de "Los viajes de gulliver", sobre la muy atinada enseñanza de la historia en Liliput, por Jonathan Swift (s. XVIII)
Juzgando, entonces, todo el proceso que ha pasado la humanidad desde aquel siglo, era del despotismo ilustrado y del racionalismo, proceso brutal que continúa en nuestros días: ¿No deberían haber leído los profesores de historia de hace tres siglos en adelante (incluído los míos) primero la Biblia y luego los viajes de Gulliver?
No existió tal cosa, como el siglo de las luces. El verdadero siglo de las luces no ha venido todavía.

